Amritsar y el Templo de Oro de los Sikhs

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Sikh’s Golden Temple sorrounded by the Parkarma Tank.

Tras pasar unos días en Himachal Pradesh, visitar el gompa de MecLoad Ganj en Dharamsala, lugar de residencia habitual del Dalai Lama, y conocer a muchos tibetanos exiliados y infinidad de turistas israelitas que frecuentan el lugar, tomamos la carretera hacia Amritsar (“Lago del Néctar”), capital del Punjab.

Una vez llegamos a la ciudad nos dirigimos raudos hacia el famoso “Golden Temple”, lugar de peregrinación de los devotos de la religión Sikh, pero además, oasis de viajeros puesto que, aparte del interés cultural y lo exótico del templo, es una tierra sagrada donde todo aquél que llegue es bienvenido se le concede alojamiento y comida de forma totalmente gratuita.

Los sikhs lucen fabulosos y adornados turbantes, algunos incluso descomunales, en el que esconden su cabello (que no deben jamás recortarse des de momento en que nacen). Los hombres mayores llevan largas barbas. Los peregrinos sikhs que llegan al templo suelen andar con extraños atavíos (generalmente de color azul) y con enormes espadas, sables e incluso hachas.

Uno de los aspectos que nos llamaron más la atención del templo fue la cocina y el comedor comunitario (llamado “Langar”) y la cantidad de voluntarios que ayudan a las tareas de servir, cocinar o lavar platos.

Durante algunas horas y en especial al caer la noche, en el pabellón o templo dorado (Harmandar) en el centro rodeado de un lago artificial (Parkarma) los más devotos sikhs realizan los rezos nocturnos. Sin duda, una de las experiencias más extrañas de las que pudimos gozar en el Punjab.

Cercano a Amritsar, en la frontera de India y Pakistan, a lo largo de lo que antiguamente seria la “Grand Trunk Road” (que fue el único camino oficialmente abierto entre las dos naciones durante muchos años) se encuentra una de las más conocidas ceremonias militares, la “Wahag Border Ceremony”. En esta, tanto soldados indios como pakistanís realizan una serie de estrambóticas marchas militares mientras millares de personas (tanto en un lado de la frontera como en el otro) gritan y vitorean cánticos nacionalistas.

A los extranjeros se les guarda un lugar especial para ver el “show”, y éste se repite cada tarde alrededor de las seis. Algo que todavía hoy nos cuesta de comprender…

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Pakistani border soldier raising up the Pakistani flag as seen from the Indian side.

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