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VSR- IV. Cat Ba y la Bahía de Ha Long

Hanoi es conocida como la ciudad cultural de Vietnam, algunos viajeros la rebautizan la Paris del Sureste Asiático. Sin duda alguna, se trata de una urbe compleja, hermosa, que no ha terminado de sucumbir a los preceptos de la ciudad moderna.

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The unearthy landscapes of the Ha Long Bay.

Fueron pasando los días en el Old Quarter, en ocasiones visitábamos los lugares de interés histórico de la ciudad, como el mausoleo de Ho Chi Minh, con su imponente arquitectura soviética que empequeñece a todo aquel quien la contempla; o subíamos a las motos para serpentear entre el mar de ciclomotores, carros, bicicletas y camiones del abarrotado centro de la ciudad en dirección a los grandes cines de los centros comerciales de las afueras.

La conversación y la cerveza fluían en el viejo Drift Backpackers una noche cuando Ganesh se incorporó y se acercó a mi. Su aliento de alcohol y una sonrisa de oreja a oreja cuando estrechándome la mano me dijo que tenia una oferta para mi que no podría rechazar. El malayo, de origen indio, llevaba varios meses viviendo en la capital y hasta se hizo pasar por mexicano para lograr un puesto de trabajo como profesor de inglés. Su oferta trataba precisamente de ello. Yo iba a sustituir a varios profesores en la capital por pocas horas a elegir por mi parte y por un sueldo que sería de envidia en mi propio país.

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En route to the unknown

Muchos són los viajeros que en las lejanas tierras orientales quedamos fascinados y, así, sin querer queriendo, nos embuímos en la cultura, las costumbres, la forma de vida asiática y aunque con el corazón en la carretera y el viaje, si uno se descuida, puede terminar viviendo una vida entera en esta ciudad.

 

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Interesting and colourful religious crafts at a temple only accessible during low tide. West coast of Cat Ba Island.

Me comprometí a dar una serie de clases durante un par de semanas. Teníamos que pagar las reparaciones de mi Bella Lola, que andaba un poco a trompicones. La experiencia fue maravillosa. Los vietnamitas son nobles trabajadores y casi siempre cumplieron lo prometido. Era de admirar la serenidad con la que la asistente del profesor (es decir, mi asistenta vietnamita) mantenía la calma mientras los niños correteaban y gritaban nerviosos, alborotados por las infames cantidades de azúcar industrial ingeridas cotidianamente y movidos por la curiosidad de tener ante ellos un extraño y barbudo foráneo. Sin embargo, aquellos días fueron extraordinariamente divertidos.

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Dolors, Jordi and Carla – just chilling!

No tardé en recibir una inviatación para conocer a algunos profesores de la facultad de física de la Universidad Nacional. Así que decidí que era el momento de pararme los pies a mi mismo. El viaje y la aventura me llamaban a continuar.

Aprovechamos las navidades para retomar la ruta con nuestros estimados amigos mexicanos. Esta vez si, nos dirigímos a la famosa Bahía de Ha Long. La mañana del día en que partimos me reencontré con Rodgiro, el viajero español con quien entablamos amistad en India, en un viaje anterior. Él había estado trabajando en el país para una empresa española y llegaba de madrugada a la ciudad de Hanoi para tomar un vuelo de regreso a casa.

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Some snaps from our day-trip boat around the bay.

Dudu y un servidor cabalgamos a lomos de las motocicletas hasta la industrial y portuaria ciudad de Hai Phong. Allá nos reencontramos con Dolors y Carla y cruzamos hasta la rocosa isla de Cat Ba los cuatro y nuestras motos. Los siguientes días exploramos aquella maravillosa isla y nos relajamos tomando cerveza ante la impresionante puesta de sol que se nos brindaba des de la esquina sureste de la isla.

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Superb sunset on Christmas day, at Cat Ba bay.

Nuestro mexicanos amigos debían de regresar con antelación a Hanoi para tomar sus vuelos. Así que el día de nochebuena nos subimos a un barco turístico para hacer el tour alrededor del archipiélago de Ha Long, comer pescado, bañarnos en el océano Pacifico y adentrarnos en algunas cuevas en mitad de los islotes de roca con unos kayaks que habiamos alquilado. Pronto nos volveriamos a encontrar…

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VSR- II. La Ruta a Sa Pa

De madrugada, los cuatro aventureros: Dudu, Carla, Dolors y un servidor, emprendimos esta gran odisea que comenzaba en la vieja Hanoi. Tras unas pocas decenas de quilómetros, las motos comenzaron a fallar…

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Oh yeah! I am on the road again…

Y en una curva, tuvimos el primero de una serie de pinchazos en la rueda trasera, así que decidimos para para tomar unos cocos. En seguida, aparecieron tres jovenes vietnamitas que venían de la ciudad de Ho Chi Minh.

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Such a light morning breakfast… Pho!

Como buenos moteros, nos ayudaron con las reparaciones y nos invitaron a pasar la noche cerca de Tuyên Quang, en casa de su amigo Nam.

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Just a beatiful tree…

Aquella fue una experiencia increíble. Resulto que Nam era padre de dos criaturas y ademas trabajaba de ganadero. Su esposa, una fuerte y hermosa mujer vietnamita, siempre sonreía y nos recibió junto a los mayores de la familia. Nos recibieron con abrazos, sonrisas, comida, mucha comida, muchísima comida, y, claro esta, alcohol destilado casero que qumaba la garganta.

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Kids enjoying breakfast around one of the Sa Pa villages.

Nos sentamos en el suelo mientras platos rellenos de carnes de tocino acabado de matar, pollos, patos y cordero iban apareciendo como por arte de magia. Aquello era un manjar sin final. No podíamos creerlo. Vecinos y amigos de la pequeña aldea también fueron invitados y riendo y bebiendo pasamos las horas sin prácticamente comprender palabra de lo que se discutía en el círculo. Los ninos, hartos ya de comer, correteaban y gritaban, las mujeres se reian de nuestras caras extranas y nosotros brindabamos incesantemente por la amistad, por Vietnam, por Mexico y por “Tay Ba Nha” – que es como los vietnamitas denominan a España.

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A random dude, inviting us to rice wine and food on the day of my B-day. Mo, hai, ba, yo! Vietnamese style.

Como es costumbre, la fiesta continuaba con más alcohol y una interminable sesión de karaoke vietnamita con un micrófono enchufado en el televisor y las canciones mas ñoñas que uno haya podido imaginar jamás…

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Lin and her mother. They were Nam’s family and invited us for two nights at their home in a village close to T. Quang.

Junto a la familia de Nam y sus amigos pasamos dos noches, visitamos algunos de los lugares mas emblemáticos de la comarca de T. Quang y finalmente nos despedimos entre abrazos y alguna lágrima que otra para proseguir con nuestra odisea hasta la famosa región de Sa Pa, al noroeste del país.

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The motorbike gang. Just looking cool… Photo credits by Dudu.

Tras un par de días más de ruta y algunos problemas más con las motocicletas – en especial la Bella Lola, a la que tuvimos que canviar la llanta trasera, no sin antes reirnos y tomar unas copas de whiskey, sí, whiskey a primera hora de la mañana, con uno de los mecánicos que nos ayudó a sacar las ascuas del fuego -, por fin alcanzamos Sa Pa, ¡y menudo frió!

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Bella Lola, posing for the camera. In the background, the Sa Pa Valley.

Los próximos dos días, la temperatura descendió en Sa Pa. Durante el día una bruma que no dejaba ver a más de un par de metros se cernía sobre el valle y la humedad se calaba en los huesos.

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The province of T. Quang is full of untouched natural beauty. We explored this unknown region of the country with Nam’s family.

Por suerte, al tercer día el tiempo cambió repentino a nuestro favor y gozamos de una maravillosa excursión en motocicleta por la ladera de las montañas. Conocimos a un grupo de estudiantes de Hanoi con los que compartimos algunas rasgueos de guitarra en mitad de los parajes y, por supuesto, un manjar vietnamita de los que le dejan a uno bien lleno el buche.

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Las Bellas Lolas.

Aquella noche, un hombre llamado Nam nos invitó a Dudu y a mi a beber y comer hasta la saciedad. Fue tan espontáneo como en las demás ocasiones, y, des de luego, justo como en las demás ocasiones, sin poder intercambiar una sola palabra en inglés. Simple y pura hospitalidad vietnamita.

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The rice fields of the Sa Pa Valley. Incredible and complex irrigation systems across the whole landscape.

La madrugada siguiente partiríamos hacia la comarca de Ha Giang, la región más al norte del país, extraordinarios acontecimientos nos acaecian…

Los días en Malasia

Tras mi regreso a Kuala Lumpur decidí descansar un poco y no moverme demasiado del mi hostal con tal de descansar mi pie izquierdo, todavía tocado por mi accidente en los templos de Borobudur. Sin embargo, terminé por hacer un montón de amistades y disfrutar de esta gran ciudad, que sirve de central hub para tantos viajeros…

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Posing outside the Step Inn.

Como siempre, me alojé en el Step Inn y pasé inolvidables noches en compañía de ilustres viajeros de todas las partes del mundo. Riendo y tomando, cantando y comiendo manjares de las lejanas y desérticas tierras egipcias, o de la fría tundra en Siberia, o simplemente del puesto de comida de la calle de la esquina, o del indio de la otra calle, aquellos fueron días de felicidad.

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Hanging lights on a Chinese temple in Penang’s Old Quay.

Conocí a un joven de Jordania, cuyo pensamiento mas bien tirando a liberal lo habían empujado a huir de su familia y su país de origen. También conocí a un joven viajero-ingeniero de Barcelona llamado Adrián, e aquí su blog de viajes.

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The Batu Caves entrance stairs. A massive statue of the hindu god of Shiva on the side.

Junto con ellos visité la isla de Penang en una scooter y disfruté de la sabrosa y exótica comida multicultural que se encuentra por las calles de aquella isla. Fuimos asaltados por un lagarto gigante mientras nos aventurábamos por los parques naturales del lugar y, finalmente, retomé el camino hacia el norte, a la frontera de Tailandia haciendo autostop a los camiones que allá se dirigían.

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Riding on the Southern Thai trains. Just having fun!

Una vez crucé a pie a Tailandia, conocí a unos jovenes malayos de Alor Star que subían hacia Hat Yay a pasar un par de días de fiesta. Era gente maravillosa y les encataba la fiesta. Me llevaron a un hotel y me prohibieron pagar ni un centavo. Cenamos, y bebimos hasta perder el norte en un club de repleto de tailandeses jóvenes que enloquecían entre licores y música electrónica.

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Riding off road in Penang Island.

La madrugada siguiente, con la resaca, me despedí de mis queridos amigos malayos y partí en tercera clase hacia Surat Thani. En aquel tren conocí a Ieva, una genial chica lituana con quien conversé y compartí café con whiskey (trofeo de la noche anterior) durante casi todo el trayecto.

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Amazing street art in George Town.

Antes de llegar a Surat Thani me llegaron las malas noticias que mi amigo Chris había tenido un accidente en moto en la isla de Koh Pangan. Así que me dirigí al hospital a hacerle compañía durante algunos de los días que estuvo ingresado.

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Malaysia is one of the best countries to enjoy street food and street life.

Allá descubrí un pequeño infierno, pues aquel hospital era un nido de infecciones. Ratas y perros se paseaban por los pasillos y se escurrían entre las camas de los enfermos. Las aspas de los ventiladores zumbaban cargadas de polvo incrustado. Las enfermeras se negaban a tratar a mi amigo excepto cuando Larry (su compañero de viaje) y yo nos hacíamos los enfadados y les exigíamos que hicieran su trabajo.

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Sunrise from George Town’s Old Quay.

Por suerte para el viejo Chris todo esto ya paso, y me llegaron noticias que se encuentra bien establecido en Shangai impartiendo clases de inglés…

Diarios de Motocicleta: Flores

Mi viaje en moto a través de la Isla de Flores resultó ser una de las más extraordinarias aventuras del inicio de este viaje al Sur-este asiático. Des de la costera ciudad de Labuan Bajo, guarida de buceadores y viajeros volé hasta Ende, que se encuentra en el sur de la isla.

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Another active volcano in Flores. The island is located amidst the so-called Ring of Fire.

Allá por fin tomaría una scooter de alquiler y comenzaría a recorrer la carretera que atraviesa este maravilloso pedazo de tierra. Mi mochila encajonada en la parte delantera de la motocicleta automática, el bastón con el que me ayudaba al andar -tras mi pequeño accidente en Jogja- atado a un lado del macuto, el deposito lleno, y a recorrer las millas de asfalto.

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Kids from the Waturaka village playing hide and seek in the forest.

No muy al norte de Ende hay un volcán llamado Kelimutu. Llegué tras unas pocas horas de seseante carretera de montaña. Allá se halla una pequeña población llamada Moni que vive del turismo. Decidí que no quería hospedarme alla, así que iba a explorar la entrada al complejo que rodea la montana y dormir en cualquier lugar…

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The Waturaka Waterfalls.

Sin embargo, tras subir hasta la caseta de los guardas de la entrada al volcán, entablé conversación con un grupo de jóvenes que estaban arreglando una semiautomática en mitad de la carretera. Me invitaron a pasar la noche en la remota villa de Waturaka, en una homestay de la familia de Roberto. Enseguida me di cuenta que aquello iba a ser una estancia maravillosa. Solamente llegar a la pequeña aldea de unos ciento cincuenta habitantes recibí las salutaciones de todo el mundo. Abuelos y abuelas, niños y niñas, todo el mundo queria conocer al “bule” que acababa de llegar en moto.

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Sunrise over the Kilimutu Lakes.

Un señor mayor que trabajaba en los arrozales insistió en llevarme a ver unas cascadas maravillosas y un chaval me dijo que aquella noche iríamos a bañarnos a las aguas termales, y así fue. La madrugada siguiente subí al monte a ver la espectacular salida del Sol y comprovar que, como se dice en la isla, los tres lagos formados por el cráter del volcán adquieren un color diferente. Al regresar a Waturaka desayuné bien ancho, y justo antes de partir, Joseph, el señor mayor que me había mostrado la cascada el día anterior se precipitó hacia mi moto y a mi sollozando para abrazarme y despedirse de su querido amigo.

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Pkook! Seen on the road.

Un par de días (y unos cuantos cientos de quilómetros) mas tarde, visité las antiguas villas de Bena bajo el volcán de Inierie, cercanas a la ciudad de Bajawa, que corona una de las más hermosas mesetas de la isla. Allá pasé una noche junto con la família de Maria, una mujer originaria del Kalimantan, criada en Jogja, y de las pocas con las que pude mantener una conversación en inglés. Me contó la historia de cómo perdió a su hijo Carlos por la malaria y luego me invitó a cenar y a dormir en su Warung. Su marido, un hombre de sonrisa perenne me llevó a conocer a los otros tres hijos y al abuelo, un señor enjuto con el que tomé varios cafés mientras matabamos el tiempo.

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Sacrifice altar in Bena village.

En Bena hice amistad con un joven llamado Alvy, con quien compartí un café que una amable señora del pueblo nos sirvió en señal de hospitalidad. Alvy era un entusiasta joven que quería aprender inglés, e incluso me cantó una canción en español sobre unos navegantes perdidos…

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Horns and jaws. Trophees from the sacrifices.

Los últimos días los pasé más al este, en la playa de Koka, perteneciente al distrito de Paga, cerca de Maumere, la segunda gran ciudad de la isla. Llegué allí siguiendo la pista de una chica llamada Claudia a quien nunca conocí, pero de quién me habían hablado unas amigas gallegas con quienes entablé amistad una de las noches que pasé en la vieja Jogja.

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The amazing and hospitable people from Flores.

Ellas me hablaron de un paraiso sin igual, de una cabaña delante de una playa de dos calas de belleza incomparable, de un hombre llamado Blasius que me cuidaría, me alimentaría y me trataría como a un hermano… Y estaban en lo cierto. Solamente alcanzar la playa, encontré al tal Blasius, y su sonrisa me deslumbró a la vez que recibí de él un fuerte abrazo justo cuando mencioné a Claudia.

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Simple life.

Blasius convivía en aquella playa junto con una madre de dos hijos con quien no tenia relación alguna, pero como sucede en estos lugares, todo hijo de vecino es familia. Una de las criaturas de Felisa, la madre, se llamaba Rocío y tenia un añito. Era traviesa y siempre reía o jugaba. No la oí llorar ni una sola vez. Todavía puedo recordar su carita sonriente bajo aquel Sol abrasador.

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Home, sweet home.

Tras estas y muchas otras azarosas aventuras, concluí mi visita a esta isla. Y, aunque ya de buen principio me había percatado de ello, en mi recuerdo quedará para siempre la enorme hospitalidad del pueblo de Flores, sus sonrisas sinceras y sin interés, su autenticidad, su honestidad, su “Hello Mister!” como únicas dos palabras del inglés conocidas por la mayoría, los interminables litros de café a los que era constantemente invitado con una sonrisa, los paisajes de carretera y las noches repletas de estrellas…

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Sunset at Koka Beach… Speechless.

Navegando hacia Komodo

Des de Lombok tomé rumbo hacia la isla de Komodo atravesando el norte del Mar de Flores en un barco de madera lleno de mochileros. Sin duda, esta fue una gran decisión, pues en los cuatro días que duró el viaje en el barco tuvimos la oportunidad de visitar cinco islas paradisíacas en las que gozamos de la oportunidad de hacer snorkel, algún pequeño trek, nadar en lagos y conocer a las draconianas criaturas que habitan las islas de Komodo y Rinca.

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The boat and the clear crystal waters of the Flores Sea.

En el barco nos daban de comer de forma abundante y había buena vibra entre los demás viajeros. Las playas que visitamos eran de ensueño y en cada ocasión pudimos submergir la cabeza al agua para descubrir un mundo repleto de colores. Corales, pececillos de cientos de especies diferentes y exóticas. El insufrible calor se hacia soportable sólo con la brisa marina.

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The moon at dawn, and Komodo under the morning lights.

Las islas de Komodo y Rinca tienen un clima bien seco y árido, pero fue verdaderamente especial poder avistar a los dragones en su estado natural -algo que solamente logramos en la isla de Rinca, pues en Komodo es bien sabido que éstos son alimentados por los rangers y demás garitos turísticos de la zona del puerto donde atracan todos los barcos cargados de turistas.

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The turquoise waters of the Flores Sea. Paradise.

Incluso tuvimos la “suerte” de encontrarnos con una hembra komodo recién fallecida debido al desgarre interno generado por la ingestión de unos cuernos de búfalo. La escena era bien reciente, los rangers comentaron que ésta era una muerte común entre de los dragones, sobretodo cuando son demasiado viejos como para cazar y hacer digestiones pesadas.

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Rinca Island. Water reflections by the early morning lights.

Tras este periplo, atracamos en el puerto de la mágica isla de Flores, en la ciudad de Labuan Bajo. Alli conocí a autenticos viajeros como Oriol y Guzman. Nos jactamos de nuestras historias de aventuras mientras sorbíamos cerveza caliente… Pronto descubriría en Flores uno de mis lugares favoritos del planeta.

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The Komodo dragons tunning.

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Good morning Flores…

Diarios de Motocicleta: Bali & Lombok

Alcancé Bali en un autocar nocturno. Des de Denpassar, me pasaría la madrugada saltando de bemo en bemo hasta alcanzar un transporte local que me llevara a Ubud, donde me reencontraría con unas amigas alemanas que hice en Filipinas.

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My German friends Meli and Lotta and me on a scooter. 

La situacion con mi torcedura de pie no había mejorado demasiado así que, cojeando y con la ayuda de un bastón improvisado, alcancé un hostal de jovenes viajeros y alquilé una scooter para los días venideros como único medio de transporte asequible mientras descansaba mi lesión.

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Rice field terraces. Beautiful day and amazing ride.

Así pues, pasé los días recorriendo de nuevo la hermosa isla de Bali. Descubri que, des de la última vez que la habíamos visitado dos años atrás, la isla todavía se habia vuelto más turística. Ya casi ningún local quería tener nada que ver con el creciente número de turistas de bar y playa. Ubud se había convertido en un enorme centro de yoga y comida vegana de estilo New Age occidental.

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Free camping on the shores of Lake Tamblingan.

Una madrugada dejé la ciudad y me dispuse a recorrer las montañas del centro de la isla, acampando en los lagos y comiendo con los pocos locales que todavía sonreían al extranjero. De madrugada, accedí a los campos de arros catalogados por la UNESCO en mi motocicleta sin que me vieran los guardas -que todavía dormían.

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Hindu temple Bali style on near the Tamblingan Lakes.

Una tarde, recorriendo una carretera secundaria de montaña paralela al volcán Batu, un camión casi me impactó y tuve un pequeno accidente, del cual salimos ilesos tanto mi moto como yo. Unos borrachuzos me ayudaron a ponerme en pie y me dieron un poco de vino de coco caliente para rehacerme.

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Early morning ride across the rice fields.

Finalmente, me despedí de mis amigas y tomé la ruta hacia Lombok. Allá llegué en el ferri público, y viajé como pude hasta Sengiggi. En Lombok me reencontré con una amable pareja de gallegos que conocí en Ubud y recorrí todas las playas de la isla en otra motocicleta alquilada.

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The three Gilis as seen from the roads of North Lombok.

Aquellos días que pasé en Lombok, el volcan Rinjani erupcionó. Las próximas semanas, las cenizas de dicha erupción bloquearían el transporte aéreo de la zona…

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Once upon a time… In a very very hot beach at Kuta Lombok…

The Jogja Nights

The city of Jogjakarta. Once a revolutionary city in Indonesian history against the Dutch, the spirit of those days is still vibrant and strong on the young streets of Jogja.

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Malioboro nights busking in the streets with crazy Ivan.

Today, the students flood the main bazars an all hang around, smoke, drink and meet each other under the city night lights. Artist come to freely show their amazing works, psychedelic paintings and sculptures, frantic dances with cobras, crazy tattoes, buskers, musicians and all sort of travellers and freethinkers sit and discuss politics and literature at the benches in  old good Jl. Malioboro.

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Buddha’s bell shaped cover. Borobudur Temple.

It did not take me long to get along with some interesting kind of people. Soon after I arrived, I met Ivan, the West Timorean youngster who loved drinking and playing in the streets. We would pay for our cheap alcohol by busking at night in Malioboro, and we would be inseparable friends during the days I spent in the city and its sorroundings.

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Sun is shining. The majestic beauty of Borobudur temple.

One night I was invited to the Konkalikong, a cafe where higher class youngsters would meet. Ivan and I went there with our bikes and took and ended up playing with the band. Also, the signer invited me to the most luxurious hotel in town, the Regency Hotel. She was singing there next night, and I got to see the premises of that grotesquely five-star complex.

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Thanks to my collegue Nuria I was able to contact a group of Biohackers called “Lifepatch”, so they could teach me about their diverse and awesome projects. Check out http://lifepatch.org.

I also travelled on my bike to the Borobudur temples, where I sneaked into for the sunrise. However, I smashed my ankle on my way out of the old buddhist monastery, thus jeopardizing all upcoming treks. After a few days I was bounded west on a night train. Life was good…